¿Nuevos caminos del Psicoanálisis en el siglo XXI?
- María del Carmen Franco Chávez
- 6 sept 2018
- 12 Min. de lectura
Como es evidente, mi trabajo parafrasea el trabajo de 1918 de Freud “Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica” pero en forma de pregunta, que trataré de responder al final.
Es importante señalar que propongo Psicoanálisis y no terapia psicoanalítica porque el Psicoanálisis no es psicoterapia, ni siquiera terapia. Pero deberíamos pensar ¿qué es una terapia? Es un tratamiento que trata de habilitar, rehabilitar, reparar, volver al estado antes de la enfermedad. La curación de las enfermedades y sus dolencias. Freud nunca dejó de hablar de enfermedades ni de enfermos de neurosis, habló también de su campo de conocimiento como Psicología. Sin embargo, recordemos que de la psicopatología que habló fue de la vida cotidiana. La vida cotidiana es la que es psicopatológica. Estamos conformados por ese pathos. “El pathos es inmanente a la naturaleza humana, no se podría decir entonces, que él en sí mismo es virtuoso o vicioso sino, que lo virtuoso o lo vicioso están en el obrar humano que los griegos denominaron ética. Es decir, el asunto relevante es cómo el hombre se conduce frente a la pasión, ya que ella hace parte de su condición humana.”[1] Así, dice el mismo autor, “es un referente para pensar el problema del pathos en el psicoanálisis, que aborda lo que hereda de la psiquiatría, producto de la forclusión del sujeto que el discurso de la ciencia produce, a partir de reintroducir el sujeto ético”[2].
Sin embargo, sin contar con la subversión lacaniana del Psicoanálisis, “Los nuevos caminos de la terapia psicoanalítica en 1918”, sorprendentemente no distan mucho de lo que sucede actualmente; en el sentido que se le sigue acusando de lo mismo que al principio: Pseudociencia, Ciencia Judía, Ciencia Pequeño burguesa, que provocó más problemas que los que resolvía y que podemos ver en el libro negro del psicoanálisis. Considerada también una Metafísica casi al estilo de los libros de Conny Mendez y no en el sentido filosófico de lo intangible de la existencia. En el mejor de los casos se considera una “orientación” superada. En definitiva, lo que podemos observar a todas luces es un NO contundente a lo Inconsciente.
Una cosa notable es la que dice al principio de la lectura que nos ocupa: no hay poder-hacer completos. No hay totalidades, se está abierto a aprender cosas nuevas y a modificar los procedimientos si es por algo mejor. Hace una brevísima reseña del trabajo analítico: Tomar noticia de las mociones reprimidas, poniendo al descubierto las resistencias que impiden el saber sobre sí mismo; pero, también nos dice que no siempre este descubrir garantiza la superación de estas represiones. El análisis consiste en descomponer las formaciones anímicas irreconocibles para el enfermo y se le muestra que su motivación le era conciente de manera parcial. Después de ese análisis sobreviene una síntesis donde habrá que tener cuidado con la intervención terapéutica porque con el afán de situar el centro de gravedad en esa síntesis puede restituirse lo que se analizó sin llegar a síntesis. Es decir, llegar a la eliminación de los síntomas, pero nos dice muy puntualmente Freud:
“Pero yo, señores, no puedo creer que esa psicosíntesis constituya en verdad una nueva tarea para nosotros. De permitirme ser sincero y descortés, diría que se trata de una frase hueca. Me limito a señalar que sólo estamos frente a una comparación que se volvió vacía al extendérsela abusivamente o, si ustedes quieren, a la explotación ilícita de un nombre. Pero un nombre no es más que una etiqueta que se coloca para diferenciar algo de otras cosas parecidas; no es un programa ni una indicación de contenidos o definición… La comparación con el análisis químico encuentra su límite por el hecho de que en la vida anímica enfrentamos aspiraciones sometidas a una compulsión de unificar y reunir. Si conseguimos descomponer un síntoma, librar de cierta trama a una moción pulsional, ella no permanecerá aislada: enseguida se insertará en una nueva” P.156-157[3]
Es decir, que se tiene un límite y que más allá de reunir las piezas como si fuera un rompecabezas, esa tendencia a unir las mociones pulsionales reintegrará esas partes segmentadas a otras. El asunto aquí es saber a qué otras. Aquí entra en juego el deseo del analizante. No se trata de normalizar ni adaptar, sino lo que él decida sobre su deseo. Si trabajamos para la eliminación de síntomas, aparecerá entonces otro síntoma y así sucesivamente como con la terapia de sugestión hipnótica de la que tanto aprendió Freud.
Luego dice que nos pongamos de acuerdo sobre el entendimiento de la actividad analítica: hacer conciente lo reprimido y poner al descubierto las resistencias sin caer en el auxilio transferencial ya que este tratamiento debe realizarse en la abstinencia ni que termine demasiado pronto, ya que de ser así, las mejorías serian modestas y pasajeras. El analista no debe ceder a las demandas del analizante, menos aún hacer de Pigmalión con Galatea o poner al servicio de una determinada cosmovisión filosófica al paciente con el fin de ennoblecerlo. Dicho de otra forma: no se trabaja de evangelizar con la causa del psicoanálisis. El propósito es que el analizante se libere y consume su propio ser en la fórmula amar y trabajar, como fin y finalidad del análisis.
En ese momento Freud habla de cómo la técnica creció en el tratamiento de la histeria, pero que las fobias le obligaban a sobrepasar lo que en la misma técnica se había hecho hasta ese momento, duda si para las acciones obsesivas la solución sea una espera pasiva, en fin, que se cuestiona la técnica en sí misma y menciona que en términos cuantitativos el impacto es mínimo en relación a la enorme miseria neurótica; “más aún cuando el tratamiento se restringe a los estratos superiores y pudientes y que nada se podía hacer por el momento en favor de las vastas capas populares cuyo sufrimiento neurótico es enormemente más grave”, termina diciendo.
Cien años han pasado desde este escrito y las condiciones siguen siendo las mismas. Esto es así porque el Psicoanálisis no es para todos, como no lo es ningún otro tratamiento clínico. Si los tratamientos psicológicos no han llegado a la mayoría de la población menesterosa, menos aún los del psicoanálisis. Los retos siguen siendo los mismos. Las manifestaciones de la subjetividad, que no enfermedades, han variado de acuerdo con las condiciones sociales, avances tecnológicos, políticos y económicos. La esperanza que Freud tenía hace cien años acerca del despertar de la conciencia moral de la sociedad
“para asumir que el pobre no tiene menos derecho a la terapia anímica que los que ya se acuerdan en materia de cirugía básica”…”se crearán entonces sanatorios o lugares de consulta a los que se asignarán médicos de formación psicoanalítica quienes, aplicando el análisis, volverán más capaces de resistencia y más productivos a hombres que de otro modo se entregarían a la bebida, a mujeres que corren peligro de caer quebrantadas bajo la larga de las privaciones, a niños a quienes sólo les aguarda la opción entre el embrutecimiento o la neurosis. Estos tratamientos serán gratuitos. Puede pasar mucho tiempo ante de que el Estado sienta como obligatorios estos deberes. Y las circunstancias del presente acaso difieran todavía más ese momento; así, es probable que sea la beneficencia privada la que inicie tales institutos. De todos modos, alguna vez ocurrirá”.
Cuando eso ocurra, sigue diciendo Freud, habrá que adecuar la técnica a las nuevas condiciones haciendo una mezcla impura del oro del análisis con el cobre de la sugestión. Al final de este artículo señala que como sea esta psicoterapia para el pueblo, no cabe ninguna duda de que sus ingredientes más eficaces e importantes seguirán siendo los que ella tome del psicoanálisis riguroso, ajeno a todo partidismo.
Me parece que habría que considerar aquí a un Freud muy optimista con respecto al futuro del Psicoanálisis en relación con el tratamiento para las masas. Insisto en que las condiciones siguen siendo las mismas que hace cien años, en cuanto al número de personas atendidas por los psicoanalistas. El psicoanálisis desde su nacimiento, hasta el día de hoy y parece que en el futuro, ha sido criticado, vilipendiado y excluido del terreno científico. [4] Según la que escribe, habría que asumir que ese es el sino de esta disciplina, (en el sentido de un campo de conocimiento) un destino marginal ya que es sui generis, ya que subvierte toda certidumbre, no hay otra como ella, tiene que ver con la filosofía, se acerca, pero no es filosofía, trata directamente con el sufrimiento de los sujetos. Tampoco es terapia ni como dice Freud psicoterapia que trate de eliminar los síntomas, menos aún forma parte de la medicina ni de la ciencia. Digo que hay que asumir que ese es el destino marginal del Psicoanálisis porque la evidencia de atención ha demostrado que ha prevalecido la mezcla de ese oro con el cobre, en afán de aliviar el sufrimiento.
La mezcla de ese oro con el cobre pulula por todos lados. Es eficaz como dijo el autor, en el corto plazo. De eso tenemos noticia desde la época de Freud. Desde el conductismo, conocido como la segunda ola y el Humanismo Rogeriano conocida como la tercera; las posibilidades se han multiplicado hasta formas irreconocibles. Aun así, no llega a toda la población, la institucionalización de la seguridad social, contempla el tratamiento psiquiátrico y psicológico. El psicoanálisis ha sido excluido mayormente de esas instituciones y si se aplica es por el deseo de analistas que trabajan en el sector y no por política de salud ni estatal ni institucional. La eficiencia vista en términos de utilidad, de disminución de tiempo y en consecuencia económico, parece dejar del lado al Psicoanálisis. La eficacia, ni se diga, ya que se trata de tener los menos eventos posibles, es decir, empresarialmente hablando: hacerlo bien a la primera. Es por ello que el Psicoanálisis es subversivo, disidente, no se rige por estándares clínicos, se rige por lo único que es importante en el proceso analítico: el deseo del analizante.
De esa forma, ante la pregunta si es una disciplina de élite, en el sentido de que está dirigido a un grupo selecto que puede pagar el tratamiento privado. La respuesta rápida y sencilla es sí y explico por qué. Sí, porque es importante que el sujeto se haga preguntas y se atreva a escucharse a sí mismo y no a un Amo que le diga qué hacer. Este grupo de verdad es de élite con esta característica única. Sí, porque el individuo debe hacerse cargo de sí mismo en su tratamiento. Sí, porque debe pagar y es más económico hacerlo con dinero que con el cuerpo. (Enfermedades, operaciones, etcétera). Con respecto al costo de las sesiones, es bien sabido que no es lo que se considera barato, sin embargo, gracias a los acuerdos que tienen analistas con analizantes se puede llegar al punto en que sea pagable desde el primer momento, que el dinero deje de ser una forma favorita de goce para que se pueda acceder al tratamiento. No pocos analistas llevan a cabo esa práctica, sobre todo si están integrados a una cierta institución que tenga esa finalidad y otros que acceden a las propuestas de pago de sus posibles analizantes para que puedan trabajar sus preguntas. Puedo decir que, gracias a esa práctica, empecé mi análisis y que ahora hago lo propio.
Sí, porque en tanto no normalizador el psicoanálisis subvierte toda certidumbre, se atreve a pensar de manera diferente y no adapta. No hay versión “Disney” del Psicoanálisis como lo dijo un analizante en una sesión, donde se eliminen todos los síntomas.
Sin embargo hay que decir que si bien no puede contestarse en términos universales, como acabo de hacerlo, más bien habría que responderla de acuerdo a las experiencias particulares y revisar el tema del costo de las sesiones y lo que implica técnicamente, también habría que incorporar a la discusión la resistencia de la población y la propuesta del mercado de evitar el sufrimiento de la existencia.
En ese sentido hay que asumir que el psicoanálisis no está dirigido a todos. No todos pueden ser analizables, como no todos pueden ser atendidos por otras aproximaciones clínicas. En el caso del Psicoanálisis, es para aquéllos que tengan la valentía de enfrentar la verdad de la castración que no es nada sencillos
Habría que cuestionar, ese precepto de eliminación de los síntomas y la velocidad del tratamiento. Esto nos lleva a pensar en la velocidad de la época donde todo se quiere rápido sin sufrimiento y sin frustración; es importante señalar que cuando el sujeto acude al clínico no llega a esa situación en 15 semanas, por ejemplo. No, se trata de cómo se constituyó como sujeto: sin prisa pero sin pausa y cuáles fueron sus recursos sintomáticos para lidiar con ello, cuáles son sus fantasías, de qué se trata cuando habla de sus sufrimientos, qué significa tal o cual cosa, y todas las preguntas que puedan lentamente tomar otra posición en su historia.
El Psicoanálisis es y será marginal porque justamente son pocos los que pueden estar en el proceso, ya que subvierte todo lo establecido, no deja títere con cabeza y de esa manera el sujeto puede cuestionarse, preguntarse, responderse, cambiar de posición gozosa.
¿Cuáles son los nuevos caminos del Psicoanálisis? Creo conservadoramente que el Psicoanálisis, seguirá transitando por los viejos caminos de lento cuestionamiento antes citado, pero también hay que considerar que se posiciona y entiende los fenómenos con sus propios marcos teóricos y conceptuales, por lo que tiene mucho que decir de cualquier fenómeno de la actualidad o del futuro; porque dará cuenta del impacto de las características de los tiempos y explicar también con ello su subjetividad.
Por otra parte hay que diferenciar entre hacer innovaciones en la teoría y cambiar la teoría, esto es una historia bien sabida a partir de las modificaciones que sufrió el psicoanálisis freudiano con la psicología del yo, se fue deslindando de lo propuesto inicialmente. Sin embargo, parece que esto sucede con cualquier teoría y está sucediendo lo mismo con el psicoanálisis lacaniano. Todos dicen cosas crípticas y nadie las explica. Así, se hacen más galimatías. Y Lacan está en boca de todos y de nadie en particular. Parece que muchos analistas se abrogan el derecho a saber “lo que verdaderamente dijo Lacan” o “ser los únicos que han leído a Lacan” cuando desde la misma teoría se habla de las posibilidades del deslizamiento significante. De esa forma hemos visto y llevado discusiones sin límite que permite hacer decir a Lacan cosas totalmente contrarias, que complican más que favorezcan la aceptación y comprensión de la teoría. Habrá que tener cuidado tanto con la rigurosidad de la teoría como su posible banalización. Si bien el Psicoanálisis no es sencillo, tampoco es imposible de comprensión, ni es para iniciados ni cosa alguna que se parezca.
Respecto de la pregunta que se deriva de lo dicho por Freud en este escrito ¿será posible el psicoanálisis no solamente masivo, sino gratuito? La respuesta también la ha dado el tiempo. Es un NO contundente. No hay tratamientos gratuitos. El individuo paga por cualquier atención, incluso con la inscripción a la seguridad social, ya que se le descuenta de su salario. En el caso del psicoanálisis, por las características del tratamiento no hay seguro del tipo médico que lo pueda costear. El dinero es importante y debe considerarse parte favorita de las formas de procurarse goce. En ese sentido es importante que el sujeto se haga cargo de sí mismo y pague, pague con dinero y no con otras manifestaciones sintomáticas más gozosas aun.
NÚMEROS
Si consideramos la experiencia Argentina, por ejemplo, donde según el atlas de la Salud mental de la OMS, existían en 2014, ochenta y dos mil setecientos setenta y seis psicólogos activos, es decir, 200 por cada cien mil habitantes. Freudlandia dice la cita de la revista Sputnik[5], en ese país, el psicoanálisis ha variado tanto que es mezcla de cualquier cosa. Ese oro está mezclado con cualquier tipo de cobre llegando a desdibujarse. Aun así, si el tratamiento clínico de cualquier aproximación teórica es bajo, lo es más el tratamiento psicoanalítico. Es claro que el psicoanálisis está en el discurso social del país, pero está tan desdibujado y mezclado que puede significar cualquier cosa.
Así que la pregunta insiste y es tiempo de responderla ¿cuáles son los caminos del psicoanálisis en el siglo XXI?, ¿qué puede ofrecer en este siglo?
Desde su origen y también en estos tiempos, el psicoanálisis asume una serie de circunstancias, entre otras: la responsabilidad del deseo; la imposibilidad de la completud; la felicidad siempre breve y con un costo; el sufrimiento psíquico como parte fundador de la existencia. Todas ellas cuestionadas, cada vez más, por las optimistas psicoterapias cada vez más breves, hechas a la medida del mercado no del sujeto.[6] En ese sentido, suscribimos completamente la idea de que los psicoanalistas, sobre todo los lacanianos. Creemos que colocar al Yo del discurso, donde estaba el Ello, es una labor diferente a hacer consciente lo inconsciente y que tiene sentido, entendido este como el espacio entre lo imaginario y lo simbólico, para que el sujeto teja una nueva red simbólica, se posicione diferente frente a su sufrimiento y probablemente se inscriba en ella. Todo eso a través de las palabras. Que a través de su experiencia analítica su deseo negocie internamente con el goce para que se posicione de manera diferente sin promesas de felicidad.
La respuesta ante esas preguntas insistentes sin duda alguna, es lo que el Psicoanálisis ha ofrecido desde siempre: la posibilidad de que el sujeto enfrente su deseo y asuma la responsabilidad de ello, la oportunidad de pasar de la impotencia a la imposibilidad, de asumir la falta y el sufrimiento psíquico, para que el deseo aflore, no sin problemas, no hay vida sin problemas, porque enfrentan la verdad, esa la de la castración, que nunca es sencilla y que nos conmina a seguir viviendo sin falsas promesas de armonía.
El futuro siempre será incierto, ¿qué será de este planeta y de su gente en 1000 años?, ni en nuestras fantasías más elaboradas podríamos esbozar, si le reducimos a 500 años, la respuesta sigue siendo la misma, es más podríamos incluso plantearnos la pregunta de si habrá gente en 100 años; y de ahí surge la pregunta, si existe el ser humano ¿existirá el Psicoanálisis en 100, 200 o los años que sean? No lo sabemos, no podemos aventurar respuestas optimistas ni pesimistas todo se verá retroactivamente, pero ya no nos tocará enterarnos.
REFERENCIAS
[1] Dasuky Quiceno* y O, En Dialnet-LaDimensionDelPathosEnLaFilosofiaYEnLaPsiquiatriaC-5229794%20(1).pdf en línea , recuperado el 15 julio 2018
[2] Ibid.
[3] Esta no es la psicosíntesis de Roberto Assiagioli
[4] Siempre que se hace este tipo de aseveraciones, mi respuesta es: “por fortuna” ya que no es una ciencia. No por ello deja de ser importante su contenido.
[5] https://mundo.sputniknews.com/americalatina/201607131061912440-argentina-psicologos-salud-mental/ en línea, recuperado el 30 agosto 2018
[6] Hay quienes las llaman MacTerapias a las terapias que ofrecen soluciones rápidas, en el sentido de que son una mercancía que hay que consumir, y con ello se arreglará la vida en un corto tiempo. Estas alternativas cubren con el requisito de pertenecer a las características que el mercado exige.